Escudo de la orden

VIDA DE ORACIÓN

La vocación del Carmelo es un compromiso a "vivir en obsequio de Jesucristo, meditando día y noche la Ley del Señor y velando en oración". Fiel a este principio de la Regla primitiva, la Santa Madre ha renovado la llamada de los antiguos padres del Monte Carmelo a la contemplación y ha puesto la oración como cimiento y ejercicio primordial de la vida de sus hijas.

Por eso, la Iglesia pide y espera que cada monasterio teresiano viva intensamente el misterio de la oración contemplativa, ofreciendo un testimonio ejemplar en medio del pueblo de Dios. (Constituciones de 1991, Nº 60).

Al fundar el Carmelo Descalzo, Santa Teresa no habló de horas de oración, sino de una vida de oración, por lo tanto desde que nos levantamos hasta que nos acostamos procuramos mantener ese clima de oración propio de nuestra vocación. Incluso decimos con el Cantar de los Cantares "duermo, pero mi corazón vela". De ahí nace la necesidad del silencio y de la soledad, del recogimiento interior y exterior, de la separación del "mundanal ruido" que puede interferir en nuestro encuentro continuo con Dios.

La oración-vida incluye la liturgia, la oración personal, la lectio divina y la lectura espiritual, además la unión constante con el Señor a lo largo de la jornada, tanto en el trabajo como en la vida fraterna. Para Santa Teresa orar es "tratar de amistad con quien sabemos nos ama" y la amistad no es de momentos puntuales sino de presencia espiritual constante.

Oración