Escudo de la orden

Las Monjas Descalzas de la Orden de la Bienaventurada Virgen María del Monte Carmelo forman parte de una familia religiosa, enriquecida con un carisma propio, para desempeñar una misión peculiar en el Cuerpo místico de Cristo.

Esta familia, expresión renovada del Carmelo, hermana la fidelidad al espíritu y a las antiguas tradiciones de la Orden con un afán de continua renovación, siguiendo la consigna de la Santa Madre Teresa de Jesús: "Por amor de nuestro Señor les pido que pongan siempre los ojos en la casta de donde venimos, de aquellos santos profetas" y "Ahora comenzamos, y procuren ir comenzando siempre de bien en mejor".

Los orígenes de la Orden, el título de la "Bienaventurada Virgen María del Monte Carmelo" y las antiguas tradiciones espirituales demuestran la índole mariana y bíblica de la vocación carmelitana" (Constituciones de 1991 Nº 1 y 2).

Esta Orden data del siglo XII, pero su primera regla fue dada por el Patriarca Alberto de Jerusalén a comienzos del siglo XIII. Nació en el Monte Carmelo en la llamada, actualmente, Haifa. Poco después al tener que pasar los carmelitas a Europa debido a una nueva persecución de los sarracenos, la Regla fue modificada por orden del Papa Inocencio IV pasando de ser una Regla netamente eremítica a convertirse en una Regla cenobítica.

A esta orden ingresó Teresa de Jesús en 1535 en el Monasterio de la Encarnación de Ávila, España y en ella vivió durante 27 años. Teresa había nacido en Ávila en 1515 y a los 20 años ingresa al dicho monasterio donde bebió de las fuentes de la Orden. Movida por su intensa vida mística decide fundar un pequeño convento con sólo trece monjas donde pueda vivir más radicalmente la Regla de Inocencio IV ya que en la Encarnación guardaba la Regla mitigada de Eugenio IV.

En el pequeño convento de San José de Ávila, en 1562, retoma el ideal eremítico primitivo, pero enriquecido por la dimensión cenobítica de Inocencio IV. Grupo pequeño, intensa vida de oración, soledad, silencio, trabajo y fraternidad. Su idea es poder vivir en ese pequeño convento su vida de oración y fraternidad, pero los planes de Dios son diversos y en 1567 el Padre General de la Orden Fray Juan Bautista Rubeo la lanza a fundar nuevos conventos. Ese año comienza la larga lista de fundaciones que sólo terminarán con su muerte en 1582.

En 1568, con la colaboración de San Juan de la Cruz, primer Carmelita Descalzo y el mejor discípulo de santa Tersa, se extiende la Orden a los frailes dando así las bases para una nueva Orden que hoy día está presente en los cinco continentes y cuenta con más de 11.000 monjas y unos 3.000 frailes, además de muchos laicos que comparten nuestro carisma como Carmelitas Descalzos seglares.

A esta comunidad llegó San Juan de la Cruz cuando se fugó de la cárcel, aquí pasó Santa Teresa muchos meses pues la consideraba su "quinta" de recreo, ya que era su quinta fundación. También tenemos aquí en nuestra iglesia, el cuerpo incorrupto de la Beata María de Jesús, el "letradillo" de Santa Teresa, quien pasó en este monasterio los últimos cuarenta años de su vida.

Icono Virgen del Carmen

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