Escudo de la orden
Ya en 1567 Santa Teresa escribió en sus primeras Consituciones: "...cada una procure trabajar para que coman las demás. Téngase mucha cuenta con lo que manda la Regla: que quien quisiere comer, que ha de trabajar; y con lo que hacía San Pablo..." (Constituciones de 1567). Siglos más tarde el Concilio Vaticano II nos recordaba: "Cada uno en su oficio, siéntase obligado a la ley común del trabajo y, al procurarse lo necesario para su sustento y sus obras..." (PC 13).

"Al organizar el trabajo, se tendrá sumo cuidado en dejar a salvo las exigencias de la vida contemplativa, teniendo en cuenta las capacidades y cualidades de cada persona, de ese modo, además de ser una expresión de pobreza y de servicio mutuo en el amor, el trabajo será también una ayuda para mantener el clima propio de una comunidad teresiana y la serenidad interior de las hermanas". (Constituciones de 1991, Nº 38).

El trabajo no es solamente una ley común, sino que dignifica a la persona, la ayuda en su equilibrio psíquico, enriquece sus potencialidades y, lo mejor de todo, se tiene el ejemplo de Jesús que trabajó con sus propias manos para ayudar a sostener a la familia.

Nuestro trabajo es muy variado. Por una parte está el trabajo de casa, aseos, cocina, sacristía, secretaría, etc. Además el trabajo remunerativo que, aunque es insuficiente para el sostenimiento de la comunidad, es una fuente de realización personal. El trabajo se realiza en silencio a fin de mantener la unión con Dios a lo largo del día.

Trabajo

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